Veinte años sin Syd Barrett, el hombre que imaginó los primeros Pink Floyd
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Hay artistas cuya carrera se mide por la cantidad de discos vendidos y otros cuya importancia resulta imposible de calcular con cifras. Syd Barrett pertenece a esa segunda categoría. Su paso por Pink Floyd apenas duró unos años, pero bastó para dejar una huella tan profunda que, seis décadas después del nacimiento del grupo y cuando se cumplen veinte años de su fallecimiento, su nombre continúa ocupando un lugar privilegiado en la historia del rock.
Nacido como Roger Keith Barrett el 6 de enero de 1946 en Cambridge, desde muy joven mostró interés por la pintura, la literatura y la música. Aquellas inquietudes artísticas terminarían confluyendo en una forma de componer completamente distinta a la de la mayoría de los grupos británicos de mediados de los años sesenta.
En 1965 fue uno de los fundadores de Pink Floyd y también quien propuso el nombre de la banda, inspirado en los músicos de blues Pink Anderson y Floyd Council. A partir de ese momento se convirtió en el principal compositor, cantante y guitarrista del grupo durante su primera etapa.
El éxito no tardó en llamar a la puerta. En 1967 aparecieron los sencillos Arnold Layne y See Emily Play, dos canciones que sorprendieron por su originalidad y que anunciaban la llegada de una nueva forma de entender el rock psicodélico británico. Ese mismo año vio la luz The Piper at the Gates of Dawn, el único álbum de estudio de Pink Floyd realizado bajo el liderazgo creativo de Barrett.
El disco, grabado en los EMI Studios de Londres, reunía buena parte del universo creativo de su autor. Canciones como Astronomy Domine, Lucifer Sam, Flaming, Bike o la extensa Interstellar Overdrive mezclaban imaginación, experimentación, humor y una sonoridad que rompía con muchas de las convenciones del pop de la época. Con el paso del tiempo, aquel trabajo terminaría siendo considerado una de las grandes obras fundacionales del rock psicodélico.
Mientras el prestigio de Pink Floyd aumentaba, también comenzaron a hacerse evidentes los problemas personales de Barrett. Sus compañeros recordaron años después actuaciones en las que permanecía inmóvil sobre el escenario, respondía con dificultad o parecía completamente desconectado de cuanto ocurría a su alrededor. Aquella situación terminó afectando al funcionamiento de la banda.
A lo largo de los años se han publicado numerosas teorías sobre las causas de ese deterioro. Se ha señalado con frecuencia el consumo de LSD y también se han planteado distintas hipótesis médicas. Sin embargo, nunca llegó a hacerse público un diagnóstico definitivo que permita explicar con certeza qué ocurrió realmente. Ese aspecto de su vida continúa siendo motivo de debate entre biógrafos e investigadores.
En 1968 dejó de formar parte de Pink Floyd y fue sustituido por David Gilmour, amigo suyo desde la adolescencia. El grupo inició entonces una nueva etapa que acabaría conduciéndolo al éxito mundial, aunque la figura de Barrett nunca desapareció del imaginario de la banda.
Lejos de Pink Floyd todavía publicó dos discos en solitario durante 1970, The Madcap Laughs y Barrett. Ambos trabajos conservaban intacta buena parte de su capacidad creativa, aunque también reflejaban las dificultades que atravesaba en aquellos años. Poco después fue alejándose progresivamente de la música hasta abandonar casi por completo la vida pública.
Instalado de nuevo en Cambridge, llevó una existencia muy discreta durante décadas. Dedicó gran parte de su tiempo a la pintura y evitó sistemáticamente la atención de los medios de comunicación, convirtiéndose en una de las figuras más enigmáticas de la historia del rock.
Uno de los episodios más recordados de su vida ocurrió en 1975, cuando apareció inesperadamente en los estudios donde Pink Floyd grababa Wish You Were Here. Su aspecto físico había cambiado tanto que algunos de sus antiguos compañeros tardaron en reconocerlo. La escena quedó grabada para siempre en la memoria del grupo y reforzó el carácter profundamente emocional de Shine On You Crazy Diamond, la composición que Roger Waters, David Gilmour, Richard Wright y Nick Mason dedicaron a quien había sido el primer motor creativo de la banda.
El 7 de julio de 2006, Syd Barrett falleció en Cambridge a los 60 años. La causa de la muerte fue un cáncer de páncreas. Su desaparición provocó homenajes en todo el mundo y reavivó el interés por una obra que, pese a su escasa extensión, sigue siendo considerada esencial para comprender la evolución del rock moderno.
Veinte años después, el legado de Syd Barrett permanece intacto. Su forma de escribir canciones, su imaginación y su voluntad de explorar nuevos caminos continúan inspirando a músicos de diferentes generaciones. Quizá esa sea la mejor prueba de su importancia. No necesitó una larga discografía para entrar en la historia. Le bastó con abrir una puerta que muy pocos habían imaginado antes que él.
Canciones imprescindibles para recordarlo
- Arnold Layne
- See Emily Play
- Astronomy Domine
- Lucifer Sam
- Bike
- Interstellar Overdrive
- Shine On You Crazy Diamond, el homenaje que Pink Floyd le dedicó en 1975.